LUGARNOLUGAR

Cuando bajo la intemperie de estos tiempos de suyo turbios y
oscuros, decimos con Cortázar que “no debemos llorar”, queremos
marcar distancia respecto de cierta mirada positivista / determinista
que fractura la construcción del lugar físico del lugar de la hechura
social / espiritual / cultural del ser humano. Pero, queremos también reprochar cierta moda apologética del desastre moderno / postmo-
derno que reniega del liberalismo y del marxismo sin cacarear más que el vacío.


La imagen, es el destino de la poesía y viceversa. Entendiendo la
poesía como parto apasionado de todo lo nuevo y lo humano, lo
crítico y lo liberador. No es pues, precisamente, el conformismo
postmoderno del lugar que hoy interrogan los artistas incluidos en
esta muestra. Por el contrario, no todo está perdido en el universo
proliferante de los lugares sin imagen. La imagen plástica cuando
alcanza ser tal, es a la vez crítica y poesía. Es chispa zurcidora y
relocalizadora de pasados, presentes y futuros. La imagen artística,
es humanidad en lucha en estado puro.


Pero, no todo lugar existe a ciencia cierta, en virtud de haber
fundado antes un pronto-lugar. Lugar y no lugar coexisten, en un
movimiento dialéctico en el que uno es hijo del otro. Algo parecido
a una matrioska rusa. Lugar y no lugar operan como polaridades
que brotan y se hunden en una lucha incesante. Pugna por
reproducir, dignificar y refundar la vida, por un lado o precipitarse
en el lodo de la intrascendencia y la banalidad del mal por el otro.

El fetiche hecho flujo compulsivo de pseudo-información, pseudo-
diversión y pseudo-consenso social, constituye el caldo de cultivo del anti-sujeto; por ende, del lugar que deja de serlo.

La sociedad capitalista eleva la mercancía al estatuto de ser humano A sociedade capitalista eleva mercadoria ao estatuto de ser
y a la par, degrada al ser humano al estatuto de mera mercancía.
De hecho, la peor de todas. El desenlace de esta desdichada
inversión, es la apropiación y control de subjetividades, poblaciones
y territorios por una máquina de guerra que todo lo aplana y lo

degrada. Todo lo difumina y lo prostituye. Se opera así la conta-
minación y degradación de mercancías y de cuerpos, de lugares y

significados.
Los no lugares son en esencia, mudos, abstractos e impotentes.
Al igual que los desarrollos transgénicos, coartan y esfuman todo lo
vivo. Reducen el encuentro al paisaje de un vacío hueco, impotente,

antisocial. El no lugar lejos de fundar o fomentar disuelve identi-
dades. Lejos de nutrirlas las consume.

El régimen socio-metabólico del capital, construye una mirada
fragmentaria, banal y pornográfica de lo real. Postula una “estética”
que voyeristamente celebra el acorralamiento, la desdicha y la
degradación del otro.


Palabras más, palabras menos, filósofos occidentales como
Luxemburgo, Sartre, Deleuze y más recientemente, Castoriadis o
Badiou se han cuestionado ¿Cómo es que hemos llegado en
Occidente hasta este lugar civilizatorio tan despojado de
sensibilidad y esta sensibilidad tan desprovista de lugar?


A modo de humilde contestación ético-estética a esta pregunta,
surge esta singular muestra plástica que invita —e incita— a dibujar
juntos un nuevo proyecto descolonizador, desde lugares
resueltamente investidos de escrutinio y ternura.

Pero preguntarnos hoy, por el lugar del no lugar, es acaso también
examinar el lugar o condición de posibilidad del vacío. No es casual
que la brillante poeta venezolana, Elizabeth Schön se responda esta
pregunta, desde ese insondable lugar social liso pero hondo,
inmediato pero silencioso, congénito, pero total de encuentro
entrañable del Yo con el Otro que sumariamente llamamos corazón:

¿Qué es el vacío?
Es cuando escuchamos el escurridizo chasquido de las espumas
sin más insinuación que el ritmo del trueno al desaparecer
quedando en el alma la forma silenciosa de lo entrañable inseparable (…)
¿Dónde está el vacío?
¿bajo la piel, el trono, el amor?
Regresa de inmediato la innata lisura honda,
callada donde el corazón con sus bordes y fronteras
vislumbra el apoyo intocable de lo congénito, total.
Elizabeth Schön

Morella Jurado
Caracas, junio de 2016

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